DESCARGAR EL PRISIONERO DE ZENDA PDF

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Author:Kazrazuru Maran
Country:Cape Verde
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):12 March 2009
Pages:474
PDF File Size:12.19 Mb
ePub File Size:18.44 Mb
ISBN:766-1-75526-674-4
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Rodolfo ha heredado ambas cosas. No tiro mal la espada, manejo la pistola perfectamente y soy jinete consumado. No me gusta hacer las cosas a medias. Con la bella Antonieta no se ha de casar, por lo menos mientras no fracase otro plan. Dicho y hecho. Pues que coronen al Duque; eso es lo que yo quisiera, y no me importa que me oigan. Del Rey dicen que es tan rojo como Al llegar a su lado me dijo:.

Mi picaresca conductora iba delante y al subir la escalera me dijo:. Pensar en trenes en aquel lugar hubiera sido un sacrilegio. El otro era joven, esbelto, de mediana estatura, moreno y de distinguido porte. Pero a lo hecho pecho. Cada cosa a su tiempo. Eso de engullir sin beber se queda para los animales.

Que no es poco recordar. No tenemos tiempo de disputar. Tan cierto como hay Dios, Rodolfo pierde la corona si no se presenta hoy en la capital. Cuidado que yo conozco a Miguel el Negro. No la esperaremos.

Al mirarme Tarlein, no pudo menos de exclamar, asombrado:. Y entretanto El tren se detuvo. Me esperaba un alegre grupo de jefes militares y grandes dignatarios y al frente de ellos un anciano alto, de porte marcial y cubierto el pecho de cruces y medallas.

La ciudad consta de una parte antigua y otra moderna. Me repuse de mi sorpresa inmediatamente y sostuve su mirada con toda calma. Pura lisonja, sin duda. Al desmontar vi confusamente cuanto me rodeaba; el General, Sarto y la multitud de sacerdotes y religiosos que a la puerta esperaban.

No dudo que uno y otro nos alegramos de ver terminada aquella comedia. Hice el camino de regreso en una carretela descubierta, teniendo a mi lado a la princesa Flavia, lo cual hizo exclamar a un palurdo:. El documento tiene que firmarlo usted. Animada y bulliciosa estaba la ciudad, pero tomamos las calles menos concurridas, cubierta yo la mitad del rostro con la capa y bien calada la gorra para ocultar en lo posible mis delatores cabellos.

Sarto le dio una moneda de oro. Y ahora, joven, al trote. No conviene acelerar mucho el paso mientras sigamos cerca de la ciudad. Nos detuvimos para vaciar un vaso de vino y dar pienso a los caballos, con lo que perdimos media hora. Sarto detuvo su caballo.

Desmonte usted. La luna brillaba en toda su plenitud y el camino se destacaba como ancha franja blanca. Se hallaban frente a nosotros; el Duque detuvo su caballo y vi que el dedo de Sarto acariciaba el gatillo de su arma. La puerta de la carbonera estaba abierta de par en par. Permanecimos en el comedor, sentados y silenciosos unos diez minutos. Se lo enviaron probablemente antes de que llegase a Zenda la noticia de la presencia de usted en Estrelsau; porque supongo que el mensaje lo mandaron de Zenda.

Me figuro lo ocurrido. Voy a ver. Bueno, pues lo enterraremos. Vaya usted a traerlo mientras yo procuro los caballos. Era todo un hombre. Cuanto al oficio de sepulturero, puede usted ahorrarse ese trabajo. La luna iluminaba el camino y vi a cosa de quinientas varas un grupo de hombres que se acercaban por el camino de Zenda. Pero no deja de ser arriesgado.

Montamos, desenvainamos las espadas y esperamos unos momentos en silencio. Clavamos espuelas y dando vuelta a la casa nos precipitamos sobre aquellos bribones. Todas las puertas de la ciudad estaban abiertas como de ordinario, excepto cuando las cerraban el capricho o las intrigas del Duque. Junto a la puertecilla de palacio nos esperaba el fiel servidor de Sarto. Como te dije, todo en ti parece cambiado, hasta tu rostro. Me limito a suplicar. Permanecimos breves instantes en silencio.

Miguel se hallaba sentado ante una mesa, irritado el semblante y torva la mirada. Me dio las gracias, pero con mucha frialdad. Sin embargo, llegado a la puerta, se detuvo para decir:. Uno tras otro se adelantaron y besaron mi mano. De Gautet, un sujeto alto, delgado, de erizados cabellos y retorcido bigote. Pero piensa en lo que vale y significa tu vida para Pero ante todo tengo que darle una noticia.

Acabaremos por tener que atar a Tarlein de pies y manos. Tiene que acudir solo. Sarto, ha llegado el momento de jugar el todo por el todo. A las once y media de aquella noche montamos Sarto y yo nuestros caballos. Pero no importa.

Parta usted. Damos nuestra palabra de honor de observar la tregua convenida. Los tres acabaron de subir la escalinata y se detuvieron al otro lado de la puerta. Los tres se hallaban juntos y pegados a la puerta.

Aunque pesada, no lo era mucho para un hombre de mis fuerzas. Si se toman el trabajo de abrir la puerta Los pasos cesaron. Se ignora la causa de la herida, pero se sospecha que ha tenido un duelo, en el que figura como causa una mujer. El pueblo habla ya de boda posible de Su Alteza con el duque de Estrelsau, proyecto que aumenta mucho la popularidad del Duque. Pues eso es todo lo que ella quiere.

Y ahora hablemos de Miguel. Tarlein, vamos a dar una vuelta por los jardines. El baile fue suntuoso. Los balcones de aquella pieza daban a los jardines del palacio. Ella era una Princesa, yo un impostor.

Nada dije. Volvimos a la sala de baile. Obligado a recibir los saludos de despedida, me vi separado de ella. Una broma inocente que en nada puede perjudicar a la muchacha Sin contar con que en un instante puedo levantar a todo Estrelsau contra usted y ahogarlo con sus propias mentiras. Pero yo he comido el pan del Rey y mi deber es servirle. Circunstancia deplorable en este caso, porque puede despertar sospechas y aun hacer creer que la orden no procede del Rey.

A dos leguas de Zenda y por la parte opuesta de aquella donde se alza el castillo, queda un extenso bosque. En el castillo tienen ahora mucho que hacer.

Es decir, como criada, porque no falta quien diga que Pero es falso, sin duda. Pero creo haberte dicho lo bastante, linda muchacha. Recorrimos las calles al paso de nuestros caballos, pero les pusimos al galope tan luego salimos al campo. Para lograr completa seguridad, se necesita que no haya faldas en cincuenta leguas a la redonda. Pero por lo pronto puedo asegurar una cosa.

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EL PRISIONERO DE ZENDA

Lee el texto. It was a maxim of my Uncle William's that no man should pass through Paris without spending four-and-twenty hours there. My uncle spoke out of a ripe experience of the world, and I honoured his advice by putting up for a day and a night at "The Continental" on my way to--the Tyrol. I called on George Featherly at the Embassy, and we had a bit of dinner together at Durand's, and afterwards dropped in to the Opera; and after that we had a little supper, and after that we called on Bertram Bertrand, a versifier of some repute and Paris correspondent to The Critic. He had a very comfortable suite of rooms, and we found some pleasant fellows smoking and talking. It struck me, however, that Bertram himself was absent and in low spirits, and when everybody except ourselves had gone, I rallied him on his moping preoccupation.

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